Madame Beudet te invita al cine

enero 22, 2010

La cárcel del cine español

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 7:30 pm

Una película poderosa, vibrante, llena de giros y para no moverse del asiento en las dos horas que te mantiene sin pestañear. Se trata de la mejor película española del año, un cine – el español – que intenta sacar la cabeza del lodo en medio de la crisis económica y de las escabrosas maquinaciones en el seno del ministerio de Cultura que a punto estuvo de negarle la subvención a esta magnífica película.

El gran elenco de actores del que se ha rodeado Monzón (guión y dirección) para hacer su película contribuye a redondear una cinta con un ritmo trepidante que no da un respiro al espectador. Luis Tosar se erige, quizás a la altura de Javier Bardem, como el otro actor español de mayor talento de esta generación. Con una actuación impecable, creando una voz al personaje y adaptándose a la perfección a su papel de preso cabecilla de la cárcel de Zamora, centro neurálgico de este filme.

Una prometedora apuesta de otro director con mucha proyección que pertenece a esa oleada de jóvenes que tanto tienen que ofrecer al cine patrio y que poco a poco nos van regalando su talento con sus trabajos. Mucho por decir todavía de esta película pero es mejor disfrutarla en pantalla grande y plantearse mientras que se asiste al espectáculo la siguiente pregunta: ¿y yo quién quiero que gane aquí?

El viaje de la vida

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 7:25 pm

Transamerica, una película a modo de road movie que cuenta la historia de una metamorfosis, una persona que lucha por encontrarse a sí misma y en ese proceso se encuentra de lleno con un elemento inesperado del pasado que quiere dejar atrás para así convertirse, por fuera, en lo que siempre ha sentido que era en su interior.

Gigantesca la actuación de Felicity Huffman, una actriz que saltó a la fama por su papel de Lynette Scavo en la serie televisiva Mujeres desesperadas, que en esta ocasión se mete en la piel de un transexual transformando su voz para adaptarla a la de un hombre sometido a un tratamiento hormonal para llegar a ser una mujer. El viaje de este personaje incluye muchas aventuras y desventuras que vive al lado de una persona muy especial de su pasado. La película es un viaje emocional, lleno de talento tanto por parte de los actores como del propio guión, la construcción de personajes es realista, profunda y entrañable. Se puede hablar de ciertas similitudes con varias películas (Una historia verdadera o Thelma y Louise) aunque es innegable que esta cinta tiene su propio carácter y un encanto particular.

Se trata de una de las maravillas del cine independiente norteamericano que de vez en cuando nos encontramos en el cine de hoy. Una nueva joya para la corona.

Y colores en el viento descubrir…

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 6:35 pm

Se dijo mucho antes del estreno de la película, corrieron ríos de tinta hablando sobre los inmensos avances que significaba esta película para la historia del cine. Llegó el estreno en Estados Unidos y la crítica fue casi unánime, se deshicieron en elogios, se arrodillaron ante la técnica pero se olvidaron de ver más allá.

La película es una maravilla desde el punto de vista tecnológico, no hace falta más que mirar el avatar de Sigourney Weaver; los avances permiten al actor transmitir todos sus gestos a sus reproducciones hechas por ordenador, una expresividad que, sin duda, deja bocas abiertas, pero una vez que se pasa el asombro te encuentras con una película demasiado larga para la poca historia que tenían para contar. La imagen es a veces poderosa, pero la trama se pierde en el esteticismo mágico del mundo de Pandora y el argumento se reduce a la mínima expresión quedando casi maniqueo, rozando la parodia. Se trata de la típica historia de un descubrimiento que en ocasiones llega a ser fascinante y otras se convierte en una sucesión interminable de típicos tópicos con sus giros argumentales, sus crisis y sus desenlaces todo de lo más previsible.

El filme es entretenido, impresionante por lo que se ha llegado a conseguir con la tecnología pero más vale dejarse el cerebro en casa para no darse cuenta de todas las películas a las que debe parte de su argumento: Pocahontas, Bailando con Lobos, Matrix… sólo por citar algunos ejemplos. En todo caso, que cada cual saque sus conclusiones y como siempre: para gustos, los colores.

noviembre 20, 2009

Como la vida misma

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 4:47 pm

Hace ya algún tiempo que recordé una vieja recomendación cinematográfica de una persona más sabia que yo; un día, aburrida de que los guapos oficiales y las mujeres perfectas fueran los que se llevaran el gato al agua y sus vidas fueran las retratadas en la gran pantalla, decidí que me apetecía que me sorprendieran con algo diferente, fresco, divertido… que fuera, en definitiva, bueno y distinto. Así que hice un poco de memoria y me vino a la mente el título de la película que tantas otras veces no me había puesto a ver por pereza: ‘Once’ (Una vez)

En los primeros cinco minutos ya me di cuenta de que podría tratarse de mi nueva película favorita, así de simple y de rápido. Es una película cautivadora, natural, sencilla hasta el punto de que parece que tú mismo acompañas a los personajes en su ‘affaire’ musical, que disfrutas con cada conquista y que conoces a los personajes como si fueran amigos de toda la vida.

Es una película para oír, ver y sentir… pero también es una película para pensar, porque realmente la vida es tal y como se refleja en la película, con sus cosas imposibles, las cosas improbables, los sueños, los prejuicios, los miedos, las meteduras de pata y los malos entendidos. (aunque, en honor a la verdad, en la vida real la música no suena tan bien) Un largometraje que casi parece espontáneo y, sobre todo, muy auténtico.

Una película bonita como pocas han hecho en los últimos tiempos, para verla con una sonrisa y para disfrutar de su elegante sencillez y sus magníficas canciones. Un film que convierte el cine en una ventana a la vida, en este caso de dos personas que se encuentran por la calle y entre quienes late un amor perdido y una pasión mutua, la música.

En definitiva, sin grandes aspavientos cinematográficos, el director se limita a contar una historia dando importancia a la música, los diálogos y los personajes, y -sin grandes florituras ni efectismos- hace una película realmente preciosa. 85 minutos para dejarse enamorar y para constatar que los cuentos de hadas muchas veces no tienen hueco en las vidas de las personas.

*La película se llevó el Oscar a la mejor canción original por ‘Falling Slowly’, interpretada en directo durante la película por los protagonistas de la misma Glen Hansard y Marketa Irglova*

octubre 25, 2009

Cuando llega el amor… y cuando se va

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 7:10 pm

Siguiendo la estela de películas como Pequeña Miss Sunshine o Juno esta sencilla película se convierte en una pieza de colección, en una de las revelaciones de la temporada. Se trata de una cinta indie, juvenil, fresca, divertida, natural, triste, romántica y muy real.

A pesar de ser una comedia romántica revoluciona la sistemática y rompe la linealidad y los prototipos. La mejor desde Alta Fidelidad (dirigida por Stephen Frears en el 2000) No estamos ante una película convencional, no sólo por su estructura argumental (muy original, por cierto) sino porque  lo que hace es contar una historia sobre el proceso del amor: cómo se conocen dos personas, cómo se aproximan, cómo se gustan, cómo se dejan de gustar y de qué manera afecta todo esto a los actores implicados en la ecuación del amor, a saber: familia, amigos propios, amigos comunes, trabajo, relaciones sociales…

Tiene un tratamiento visual muy atractivo, innovador – se nota que el director se dedicaba a los videoclips. Este es el primer largometraje de Marc Webber y es una inmejorable carta de presentación, un tipo con inventiva y originalidad, valores en alza en un mercado audiovisual un poco atascado.

La primera película genuinamente del siglo XXI, que refleja a una generación unida por las mismas películas, mismas aficiones, mismo entorno: dos hermanos jugando a la Wii mientras conversan, paseando por Ikea, universitarios alejados de su profesión, trabajo precario… En este caso es una globalización que nos acerca aún más, si cabe, y que reduce hasta las más mínimas diferencias entre generaciones de jóvenes en Estados Unidos o en España.

Se notan claramente algunas influencias, (se podría decir incluso que son homenajes) a muchas películas y directores: Amélie, Ingmar Bergman, Annie Hall, El club de la lucha, Olvídate de mí, incluso a la película de Buster Keaton El joven Sherlock Holmes. Toma lo mejor de los mejores y completa una película redonda.

Mezcla estructuras y utiliza recursos muy efectivos tanto para la comedia como para las situaciones de sentimientos más intensos, todo ello conjugado con una genial banda sonora. Efectúa elipsis de forma magistral y contrapone las sensaciones de los personajes en las mismas situaciones aunque en estadios diferentes de la propia relación.

Muestra el amor en todas sus fases:  la vida con amor, con falta de amor, con pareja y con amor, con pareja y con falta de amor, sin pareja con ganas de tener pareja y con muchas ganas de dar amor. El compromiso, el sexo, los amigos. Los miedos a dejar de ser joven, la libertad; creer en el destino, en el alma gemela, en el amor para toda la vida… o no.

En definitiva, una historia de amor. Tan vieja como el propio mundo. La soledad, los amigos y el chico o la chica con la que uno se obsesiona.Pero, sin previo aviso, un día la vida cambia, porque por suerte o por desgracia siempre cambia… todo cambia y todo pasa… incluso lo malo.

octubre 24, 2009

Agorero

Archivado en: Crítica,Tras las cámaras — Madame Beudet @ 11:25 am

Alejandro Amenábar, tras cinco años de silencio, vuelve a las pantallas y lo hace a lo grande

Después de mucho tiempo de espera, llega a las salas ‘Ágora’ y Amenábar nos invita a disfrutar una obra colosal, exquisitamente ambientada en la Alejandría del siglo IV d.C –correspondiente al actual Egipto- símbolo de una civilización en retroceso, la pagana de inspiración griega, y de una en ascenso imparable, la cristiana.

CRÍTICAAGORA

Tratada con precisión científica –tres años dedicados a la documentación así lo atestiguan- el realizador español ha querido mostrar la barbarie que sacude a los hombres cuando deciden imponer una fe, actuar en nombre de un Ser supremo, destruir a un hermano en defensa de ‘su’ verdad y juzgar por diferente al igual, llegando incluso a matarlo en nombre de Dios. Retrata, además, la obsesión de una mujer, Hipatia, que vivió en libertad muchos siglos antes de que la sociedad moderna se decidiera a otorgarle a las féminas ese mismo derecho. Hipatia, desarrolló su labor científica tratando de conocer el Universo en un contexto en el que los hombres se disputaban el poder en nombre de la religión.

De manera formidable, Amenábar sitúa al espectador en una posición privilegiada como un testigo más de los acontecimientos, en palabras del propio director “mi objetivo es que el espectador se sienta como acompañando a un equipo de la CNN que está documentando algo ocurrido en el siglo IV; busco esa sensación de inmediatez, de telediario…” La acción se desarrolla con diferentes ritmos, llegando en ocasiones a ser trepidante, y se enmarca en una excelente y emotiva banda sonora.

La fotografía destaca por su calidez mediterránea y su limpia belleza. Realiza un lóbrego retrato de la brutalidad sin llegar a ser grotesco, simplemente probatorio de la sinrazón. Se trata de un testimonio desgarrador sobre la incomprensión, del fin de una era caracterizada por el esplendor del hombre basado en su capacidad de raciocinio y del inicio de otra que parece no haber llegado a su fin. Historia inspirada en hechos reales que nos deja maravillados, exhaustos, abatidos… vivos.

____________________________________________________________________________________________

Amenábar, según cuenta, llegó a esta era de la civilización de forma casual ya que “todo comenzó al interesarnos por la Teoría de la Relatividad como hobby”. Esa curiosidad se materializó en la historia de una mujer científica, una ciudad mítica, una cultura única y un período convulso y lleno de contradicciones.

De Hipatia, personaje encarnado por Rachel Weisz, le atrajo su capacidad para “pasar por encima de sus circunstancias y del momento histórico que le había tocado vivir preguntándose quiénes somos y qué sentido tiene todo esto.”

La película es una obra de madurez de un artista precoz y superdotado. El niño prodigio del cine español que afirma que la facultad de Ciencias de la Información -donde cursó los estudios de Comunicación Audiovisual- sólo le sirvió para rodar su ópera prima, ‘Tesis’. La trayectoria de este tímido y genial artista ha sido fulgurante: comenzó con Tesis en el 96 y al año siguiente sorprendió con Abre los ojos. En 2001 volvió con Los otros y en 2004 firmó Mar adentro.

Y es que tan sólo cuatro títulos le han servido para consagrarse como uno de los directores más prestigiosos y respetados del panorama cinematográfico internacional. Ahora, en 2009 (y tras mucho tiempo de trabajo) trata de sumergir a los espectadores en el mundo de Hipatia para mostrar cómo la Historia nos puede hablar de lo que está pasando ahora; en boca del director: “que sea un espejo para que el público mire y descubra, desde la distancia del tiempo y el espacio, sorprendentemente, que el mundo no ha cambiado tanto.”

octubre 19, 2009

Desmontando a Woody

Archivado en: Tras las cámaras — Madame Beudet @ 11:01 am

Paseando por una biblioteca uno puede llegar a encontrar, casi sin querer, verdaderas joyas, mágicas por inesperadas, llenas de todo lo que quiso saber sobre algo y que nunca encontró en otro lugar. Paseando tranquilamente y mirando libros fue como me encontré con una biografía magnífica de Woody Allen cuyo título es-emulando la gran obra de Truffaut en sus entrevistas a Hitchcock- Conversaciones con Woody Allen y que está escrito por un periodista, Eric Lax, que lleva entrevistándose con él desde que ambos empezaron en los trabajos en los que hoy día son conocidos. Por tanto, no se trata de un maratón de 500 horas de entrevistas sino de preguntas de un curioso a lo largo de toda una vida profesional y personal, 30 años de anécdotas, de historias, de rodajes… de cine.

Ese punto de intimidad entre el personaje y el entrevistador es algo fundamental para que el retrato del artista sea tan vívido, tan real y cercano. Muchas de las cosas que dice el genio neoyorkino son sus reacciones personales a las críticas o comentarios que acostumbramos a ver referidas a su persona muy a menudo: críticas a sus películas, sus interpretaciones, incluso sobre su vida íntima – que aquí aborda con total naturalidad y dando su punto de vista, rara vez recogido y divulgado.

La estructura del libro me parece sumamente interesante ya que se organiza el material en torno a varios capítulos de una forma muy cinematográfica, es decir, los capítulos son, por orden: la idea, el guión, reparto, rodaje, dirección, montaje, música y la profesión de cineasta. De este modo, en lo que imagino que supuso una labor titánica, el autor va seleccionando los testimonios y los ubica según su temática en un imaginario proceso de elaboración de una película.

Para ser justos, es necesario decir que en ocasiones se hace repetitivo -pues al contextualizar una entrevista repite parte de lo que anteriormente ya se ha comentado en otro capítulo- pero, en honor a la verdad, aparecen infinidad de nombres de películas, de referencias de otras obras, de actores, de miembros del equipo que de no ser en cierto modo repetitivo a modo de recordatorio persistiría una sensación de desorientación que podría llevar a la auténtica exasperación y renuncia del lector, por tanto, considero que la cosa queda en tablas.

Hay multiplicidad de aspectos destacables en esta obra aunque para mí, personalmente, lo más interesante es el proceso de creación que sigue este peculiar y prolífico escritor y artista, así como su modo de ver el arte, el cine y la vida.

Después de leer este libro estoy convencida de que se entiende mucho mejor la obra de Allen, tanto en sus motivaciones a la hora de escribir, como en sus interpretaciones o incluso en la elección de actores y sus actuaciones. Por eso, recomiendo encarecidamente esta pequeña joya como herramienta para diseccionar a un artista tan carismático como genial y disfrutar de un modo más pleno de su extensa obra.

octubre 15, 2009

Cuando la belleza se convierte en Cine

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 4:34 pm

Muchas veces la vida real puede ser mucho más trágica o alucinante de lo que pueda llegar uno a imaginar; en multitud de ocasiones incluso más surrealista y aun menos lógica. A veces la vida nos sorprende con historias llenas de belleza y no podemos sino rendirnos ante ello, emocionados y con la esperanza de que este sea, en realidad, un mundo mejor de lo que creemos… y en ocasiones es así. David Lynch, que había escrito y dirigido películas -por lo general-un tanto excéntricas , se arrodilla ante una historia real, con protagonistas de carne y hueso y cede su talento a una empresa de lo más compleja: llevar al celuloide un relato conmovedor, único, entrañable… real.

En 1999, tras un legado cinematográficos del filmes como  ‘Elephant man’, ‘Cabeza borradora’ o ‘Terciopelo azul’ y de crear una serie como ‘Twin Peaks’, Lynch sorprendió al mundo con un cine sencillo, humano y bello, especialmente hermoso. La simplicidad de la película, sus personajes, sus escenarios, sus diálogos, su argumento… todo es belleza en estado puro. En ‘Una historia verdadera‘, Lynch nos deja que veamos qué hay dentro de ese hombre que decide ir a ver a su hermano en una máquina para cortar el césped.

Una fotografía maravillosa y una realización ejemplar. Lynch desaparece de la película para que emerjan de la pantalla unos actores colosales, Richard Farnsworth y Sissy Spacek, y una historia contada con maestría y de una belleza y sencillez inigualables.

Sin demasiado aspaviento, Lynch dirige su película más cercana y una de las grandes obras maestras del cine de los últimos tiempos. La tridimensionalidad de los personajes y de la historia alcanza tal nivel que el espectador llega a creer que está viendo el testimonio de lo que realmente ocurrió: largos planos secuencia, buena construcción de los personajes, excelente interpretación de los actores y, sobre todo, honestidad tras la cámara de un director que ha sabido captar la esencia de la historia y que tiene talento para el cine, convirtiéndola en auténtica poesía en movimiento.

octubre 8, 2009

Alumnos aventajados en el arte de malinterpretar

Archivado en: Crítica — Madame Beudet @ 5:37 pm

Las palabras que empleamos para expresar lo que pensamos o sentimos y el modo en que éstas llegan a nuestros interlocutores no es siempre un proceso totalmente exitoso; es inclusive más difícil -si cabe- cuando escribimos algo y otra persona lee, fuera de contexto, lo que hemos dejado escrito.

Las palabras pueden herir, sanar, hacer feliz o llevar a la angustia más absoluta; en ocasiones llevan a las personas a la cárcel e incluso a la muerte.

La película en la que se retrata este aspecto de forma clara y diáfana es, sin duda, en La Soga de Alfred Hitchcock (1948) En esta película se ve claramente cómo las enseñanzas de un profesor, sus opiniones y teorías sobre aspectos de la sociedad, del asesinato y la idea de superioridad de unas personas sobre otras influyen en un joven que crece y asume esas ideas como propias. Este ambicioso y excéntrico individuo posee una importante capacidad de persuasión y una habilidad remarcable para la mentira que emplea para manipular y conseguir sus objetivos.

De su admiración por este profesor nace  la idea de llevar más allá de la simple disertación estas teorías y decide poner en marcha un terrorífico plan con tal sangre fría que asustaría al propio Truman Capote.

La película está rodada de manera que parece un largo plano secuencia que comienza con la primera y decisiva imagen y acaba con el último fotograma de esta película… antes de que la pantalla haga un fundido a negro. Una película casi teatral, sin ninguna reserva una obra maestra del suspense y una de tantas joyas en la filmografía de Hitchcock.

Si indagamos un dato ya mencionado- la película data de 1948- podremos descubrir que por aquel entonces habría sido imposible materialmente rodar un largometraje de 77 minutos de un tirón, aunque sea éste el efecto buscado por el genial director. No obstante, se sirvió de su ingenio para realizar los cambios de rollo para seguir filmando con otro nuevo, para ello empleó un plano corto a una superficie que fuera homogénea o inmutable (una mesa, un primerísimo plano a una espalda…) para que apenas se apreciasen cortes en la trama principal.

Los rollos de filme tenían una duración máxima de 11 minutos, por lo que durante ese lapso de tiempo el rodaje era todo seguido, es decir, sin cortes. Todo, absolutamente todo, estaba coreografiado al detalle y todo el mundo (cámaras, sonido, actores, etc) debían moverse de acuerdo con la acción y con los movimientos de la cámara. Fue un rodaje meticuloso por definición y duro; no hace falta imaginar el nivel de exigencia para todos (máxime para los actores) que la palabra: ¡Acción! debía de representar.

La historia transcurre casi en tiempo real, por lo que acerca aún más la sensación de suspense al espectador; todo ello, además, favorecido por el maravilloso movimiento de cámara del que hace un arte el director que convirtió el suspense en su modo de vida.

Una película para no pestañear, para no perderse, para no olvidar… por su calidad como obra cinematográfica y por su enseñanza para todos los que sean capaces de extraer conclusiones de ella.Silencio, se rueda

Vilkömmen, Bienvenue, Welcome…

Archivado en: Romper la cuarta pared — Madame Beudet @ 4:07 pm

Esta pretende ser una pequeña libreta de anotaciones sobre cine: curiosidades, críticas, estrenos, alguna noticia… puede que incluso alguna reflexión acerca del denominado Séptimo Arte, que es -a mi juicio- un compendio de los seis anteriores y el más esplendoroso, emocionante y educativo de todos.

Evidentemente, mi opinión es muy subjetiva pero todas lo son, pues todas provienen de sujetos… eso sí, unos con más criterio que otros. En todo caso, os animo a que lo comprobéis vosotros mismos… pensad la de cosas que sabéis gracias al cine, las emociones que os han transmitido las distintas películas que habéis visto. Solamente con estos dos aspectos ya tendréis una opinión formada así que desde aquí os animo a que sigais investigando si tengo o no razón viendo mucho cine… y si seguís alguna de mis recomendaciones entonces será mucho y bueno.

Buenas noches y buena suerte

Página siguiente »

Theme: Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.