Alejandro Amenábar, tras cinco años de silencio, vuelve a las pantallas y lo hace a lo grande
Después de mucho tiempo de espera, llega a las salas ‘Ágora’ y Amenábar nos invita a disfrutar una obra colosal, exquisitamente ambientada en la Alejandría del siglo IV d.C –correspondiente al actual Egipto- símbolo de una civilización en retroceso, la pagana de inspiración griega, y de una en ascenso imparable, la cristiana.
CRÍTICA
Tratada con precisión científica –tres años dedicados a la documentación así lo atestiguan- el realizador español ha querido mostrar la barbarie que sacude a los hombres cuando deciden imponer una fe, actuar en nombre de un Ser supremo, destruir a un hermano en defensa de ‘su’ verdad y juzgar por diferente al igual, llegando incluso a matarlo en nombre de Dios. Retrata, además, la obsesión de una mujer, Hipatia, que vivió en libertad muchos siglos antes de que la sociedad moderna se decidiera a otorgarle a las féminas ese mismo derecho. Hipatia, desarrolló su labor científica tratando de conocer el Universo en un contexto en el que los hombres se disputaban el poder en nombre de la religión.
De manera formidable, Amenábar sitúa al espectador en una posición privilegiada como un testigo más de los acontecimientos, en palabras del propio director “mi objetivo es que el espectador se sienta como acompañando a un equipo de la CNN que está documentando algo ocurrido en el siglo IV; busco esa sensación de inmediatez, de telediario…” La acción se desarrolla con diferentes ritmos, llegando en ocasiones a ser trepidante, y se enmarca en una excelente y emotiva banda sonora.
La fotografía destaca por su calidez mediterránea y su limpia belleza. Realiza un lóbrego retrato de la brutalidad sin llegar a ser grotesco, simplemente probatorio de la sinrazón. Se trata de un testimonio desgarrador sobre la incomprensión, del fin de una era caracterizada por el esplendor del hombre basado en su capacidad de raciocinio y del inicio de otra que parece no haber llegado a su fin. Historia inspirada en hechos reales que nos deja maravillados, exhaustos, abatidos… vivos.
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Amenábar, según cuenta, llegó a esta era de la civilización de forma casual ya que “todo comenzó al interesarnos por la Teoría de la Relatividad como hobby”. Esa curiosidad se materializó en la historia de una mujer científica, una ciudad mítica, una cultura única y un período convulso y lleno de contradicciones.
De Hipatia, personaje encarnado por Rachel Weisz, le atrajo su capacidad para “pasar por encima de sus circunstancias y del momento histórico que le había tocado vivir preguntándose quiénes somos y qué sentido tiene todo esto.”
La película es una obra de madurez de un artista precoz y superdotado. El niño prodigio del cine español que afirma que la facultad de Ciencias de la Información -donde cursó los estudios de Comunicación Audiovisual- sólo le sirvió para rodar su ópera prima, ‘Tesis’. La trayectoria de este tímido y genial artista ha sido fulgurante: comenzó con Tesis en el 96 y al año siguiente sorprendió con Abre los ojos. En 2001 volvió con Los otros y en 2004 firmó Mar adentro.
Y es que tan sólo cuatro títulos le han servido para consagrarse como uno de los directores más prestigiosos y respetados del panorama cinematográfico internacional. Ahora, en 2009 (y tras mucho tiempo de trabajo) trata de sumergir a los espectadores en el mundo de Hipatia para mostrar cómo la Historia nos puede hablar de lo que está pasando ahora; en boca del director: “que sea un espejo para que el público mire y descubra, desde la distancia del tiempo y el espacio, sorprendentemente, que el mundo no ha cambiado tanto.”
